6 de junio de 2017

Rindiéndome ante la tecnología del libro... y no

Como bibliotecario y como rolero, por mucho que me quieran meter por los ojos los libros en pdf, voy a seguir demandando libros en papel. Me gusta su tacto, su olor, la sensación de tenerlo en mis manos y de poder apartar los ojos de una maldita pantalla durante un rato. También, lo reconozco, porque me gusta ver mis libros favoritos colocados en la estantería, y porque con cualquier cosa en formato digital, ya sea lectura como si es música, imágenes, etc... tengo la impresión de tener sólo aire. Ya he sufrido una grave pérdida de información hace unos años a causa de la avería de mi disco duro principal y odio pensar en todo lo que podría llegar a perder si algo, lo que sea, vuelve a fastidiar mis archivos. Un libro no se avería. Se puede romper y deteriorar, pero no es tan fácil destruir su contenido hasta hacerlo ilegible. No necesito ningún instrumento externo a mi mismo para acceder a su contenido. Y tampoco necesito tener de él varias copias por toda la casa por si se me jode la principal.


Con todo, finalmente no he podido evitar rendirme en parte a los encantos del libros electrónico y, aún más allá, del audiolibro. En un principio, mi interés por los libros digitales vino derivado de mi intención de crear una copia de seguridad de mi biblioteca física como repositorio de emergencia, no para utilizarlos como recurso de lectura primario. Por aquél entonces ya tenía smartphone, pero la pantalla reducida se me hacía extremadamente incómoda para leer, y no estaba por la labor de dejarme el dinero en un ebook de pantalla de tinta líquida que, total, sólo me iba a servir para leer. La cosa cambió cuando adquirí la tablet. Eso ya servía para más cosas y, también, servía para leer. Comencé a cargar en ella algunos suplementos del juego que estuviera dirigiendo, a pesar de seguir llevando conmigo el libro básico en la mochila. Pero hubo algo que me acabó disuadiendo de llevar manuales en la mochila, cosa que llevaba haciendo más de una década: el peso. Llevo a diario un portátil y varias carpetas de documentación conmigo, por trabajo, por lo que era necesario reducir el peso para no sobrepasar mi capacidad de carga (y comenzar a sufrir penalizaciones). La tablet, por tanto, se transformó en la nueva biblioteca rolera portátil. A día de hoy llevo más de cuarenta títulos diferentes de un amplio abanico de juegos, mas novelas aparte, y cada mes se va colando alguno más.

Llevo la tablet a todos lados, al trabajo, de viaje, incluso cuando creo que no voy a poder usarla. Exactamente lo mismo que hacía con los manuales de rol y novelas. No puedo negarlo, ha conseguido ganarme por lo útil y cómodo que resulta, y porque gracias a tenerlo siempre tan a mano he podido aprovechar pequeños tiempos muertos - la cola de la cafetería, bajar a por el pan - para leer un poquito más. Parece ridículo, pero hay veces que esos cinco minutos que araño de aquí y allá son los que me permiten leer a diario.


Eso me llevó a plantearme cómo podría arañar aún más tiempo de lectura. Recientemente me he decidido a buscar audiolibros para escuchar en los trayectos en coche, que en mi caso me implican un mínimo de hora y media diaria. Me aventuré con el Silmarillion. La verdad, pensaba que sería un fracaso. Pero una vez que conseguí abstraerme de la voz tipo Loquendo, lo cierto es que disfruté de volver a revivir la historia (ya la había leído varias veces con anterioridad). Así que me he aventurado a seguir buscando. Puede que esta sea una buena forma de conseguir leer por fin algunos títulos que tengo pendientes desde hace mucho tiempo (Neuromante, si consigo localizarla, es mi primera opción). Sin embargo, estoy comenzando a barajar la posibilidad de adquirirlos en inglés, ya que por el momento los títulos que he obtenido en castellano siguen siendo parecidos a Loquendos, incluso los que indican "voz humana". Claro, comparando con cosas como los audiolibros de Warhammer 40k, que son mi escueta experiencia anterior, es comprensible que me sepa a poco. En cualquier caso estoy decidido a seguir probando, ya que parece que puedo estar abriendo una puerta nueva a la lectura que me puede ayudar a mantener vivo mi compromiso personal de leer un libro cada mes (nivela, rol, cómic gordo, etc... Lo que sea, pero leer).

Es por todo esto que, a pesar de mi desinterés inicial, y aunque nunca me he considerado un talibán pro-papel, he de reconocer que las plataformas "de aire" se han hecho un hueco en mi hábito lector. Porque me ofrecen a día de hoy una mayor facilidad para seguir leyendo, que no porque crea que son mejores. Sigo y seguiré defendiendo los libros en papel como soporte ideal para la lectura, y seguiré disfrutando de ellos siempre que tenga tiempo y lugar. Pero como muleta, como apoyo para seguir manteniendo el hábito de leer en tiempos en los que es algo más difícil encontrar un rato para sentarte simplemente a leer relajado con un libro en el regazo, son bienvenidos.

PD: Ante el comentario de un amigo, aclaro: escuchar un audiolibro no es leer un libro. No lo estoy poniendo al mismo nivel. Como he tratado de transmitir - igual sin éxito - para mi es un sucedáneo, una muleta, un remedio de emergencia ante la falta de tiempo y lugar para leer con propiedad. Pero obviamente no es lo mismo. Es una forma de llegar a la misma historia, si, aunque a través de un canal diferente, y por lo tanto la experiencia no es la misma. Pero es mejor escuchar un libro a no poder leer.

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