23 de octubre de 2013

Carrusel Bloguero - Y una pica de 10 pies...

Ya sea transportado en un petate de treinta kilos, en las alforjas de un abnegado caballo o en las ignotas profundidades de un saco de contención o un morral práctico de Heward, los amigos de Aviso a Roleantes nos invitan a sacar a relucir nuestro inventario y equipo de aventureros en éste Carrusel Bloguero de octubre que pillo in extremis.


Con éste tema lo primero que me viene a la mente es el Compendio de Objetos Mágicos para D&D 3.5 - también conocido como el Objetonomicón en mi grupo de juego - y alguna que otra tarde dedicada exclusivamente a elegir los objetos con los que nuestros personajes comenzarían sus andanzas. Igualmente, también recuerdo haber pasado una sesión de juego entera inmerso en un ciclópeo mercado, vendiendo el equipo "legítimamente adquirido" en campaña al mejor precio posible para, acto seguido, dilapidar lo ganado en más objetos.

A pesar de ello, reconozco que normalmente suelo ser bastante parco en equipo, con la salvedad ya mencionada de las partidas de D&D. En los comienzos si que recuerdo que llevaba de todo, incluso cosas que a mi personaje no le resultaban especialmente útiles, sólo por el "por si acaso". Pero cuando los penalizadores por peso comenzaron a hacer mella en el desarrollo de la actividad del personaje, comencé a razonar y elegir mi equipo con un poco más de cabeza.

Es necesaria una dosis de coherencia al elegir el equipo. Hay objetos que no es que no puedas llevarlos, es que o bien no te van a ser útiles, o bien no pegan con tu personaje, o no es lógico llevarlas encima, por su condición o su cantidad. Por ejemplo, recuperando al azar una de mis primeras fichas - cierto Ravnos que alguno recordará - veo en el apartado de armas una Spas M-12 (escopeta), una Desert Eagle (trofeo de un enemigo, creo recordar), una Bereta 93-R, una espada ancha (ahí es ná) y una navaja. Todo esto llevado encima. Si le sumamos que en la mochila llevaba una carga de C4 preparada... eran otros tiempos.

... y todavía me falta por meter la ropa interior.

Pero dejando a un lado aquellos objetos que son de probada utilidad, algunos de nosotros vamos poco a poco acumulando en el inventario del personaje cosas extrañas que éste se va encontrando por ahí, muchas de ellas simples trofeos de guerra o souvenirs de viajes, objetos meramente atesorados por una suerte de coleccionismo bizarro, como recuerdo de adversarios o de lances especialmente memorables que nos resistimos a tachar de la lista a pesar de llegar, en ocasiones, a consumir algo de carga. A veces estos objetos se convierten en parte de la imagen del pj, si no lo eran ya desde el inicio, contribuyendo a individualizarlo e identificarlo inequívocamente entre los demás. Como muestra, os dejo una lista de lo que he encontrado revisando las fichas antiguas de personajes que tengo archivadas, tanto mías como ajenas:

- Un explorador hobbit en ESDLA llevaba un llavero con todas las llaves que iban apareciendo en las aventuras, por si había que volver a utilizarlas.

- Un noble melnibonés (Stormbringer) llevaba consigo una muda completa de prostituta. Razones desconocidas.

- Un trotamundos diletante en la Llamada de Cthulhu llevaba consigo unos zuecos de jardinero que encontró en el jardín de una mansión encantada.

- Un Brujah motorista llevó encima piezas de repuesto de su moto hasta el final de la campaña, accidentada en una persecución al principio de la misma.

- Un explorador bárbaro que arrastraba por todo Faerun dos cuernos de minotauro, una melena de león y escamas de dragón verde para "tunearse" la ropa e impresionar.

- Toda una colección de matrículas de coches en posesión de un Roehuesos le servían para elaborar funcionales y "elegantes" armaduras urbanas.

- Un Nosferatu guardaba en sus bolsillos la efigie de un mono de obsidiana. ¿?

- Unos dados trolkin son una de las posesiones más preciadas de mi bardo de Runequest, aunque ni siquiera tengan entre si el mismo número de caras.

- Un mercenario de Cyberpunk, además de una linterna de mano y un mechero de gasolina, llevaba consigo seis velas y diez barras de luz. Miedo a la oscuridad, tal vez.

- Un adolescente miembro de un pelotón penal de la Guardia Imperial que lleva puesto aún el collar explosivo que su Inquisidor desactivó como recompensa.

¿Alguien más ha sucumbido al síndrome de Diógenes en partida?. %)

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